Ultreia: alumn@s voluntarios y un poco de filosofía

Ultreia es una asociación de voluntarios creada por antiguos estudiantes del IES en el 2020, cuyo fin era detectar a esas personas mayores del municipio que están solas, y prestarles un servicio de acompañamiento totalmente gratuito. Fruto de ese colaboración altruista, surgió una relación preciosa entre una de nuestras ex-alumnas más brillantes Lara Gómez Pajuelo  y una encantadora anciana en el capítulo final de su vida, Dña. María Luisa.

Lara asistió a su funeral, como no podía ser menos para ella, y allí se dio cuenta de que su labor no había pasado desapercibida para los familiares y amigos que conocían de la especial relación que se estableció entre ambas. Fruto de aquella experiencia, Lara nos ha hecho llegar la siguiente carta, que previo consentimiento de amigos y familiares de María Luisa, hoy queremos compartir con vosotr@s. Esperemos que os llegue tanto como a nosotr@s.

 

¿Meta o camino?

Esta banal pregunta sin aparente respuesta, escondía, sin yo saberlo, una de las mayores certezas de la vida. Y una historia totalmente inesperada que creo que debe ser compartida.

“Supongo que lo que realmente merece la pena en la vida es aquello que haces un viernes a última hora de la tarde, después de trabajar, sin obligación y sin ganar dinero por ello. Lo que de verdad tiene valor es escuchar y compartir; certezas e incertidumbres, historias, conocimiento y experiencia. Encontrar personas a las que les ilusione lo mismo que a ti. Hacer reír a alguien de 95 años. Aprender del altruismo. Y salir de un portal con las pilas cargadas.

La felicidad la da ese momento que llevas esperando toda la semana. Entrar en una casa después del calor del verano y la lluvia del invierno. Y sentir que ahí existen la vida y la belleza. Personificadas en dos maravillosas mujeres con las que te prometiste no generar un vínculo y por las que ahora sufres y te alegras por igual. Porque el amor da vértigo, pero merece la pena.

Y ahora me toca a mí tratar de responder las preguntas que con tanta valentía formulaba antes de saber lo que realmente escondían. Sigo sin saber si es más importante la meta o el camino. Si existe Dios. Qué es la muerte. Qué es lo natural. Si la Historia sirve de algo. Quién es el ser humano.

Pero ya te lo dije un día: la Filosofía son solo las preguntas. Y tú me enseñabas mucho más de lo que jamás podría enseñarte yo a ti. Por eso prefería escucharte. Pero ahora ya no me respondes. Y solo me queda aferrarme a todo lo que aprendí de ti, a tu testimonio de una larga vida cargada de cosas que merecían ser contadas y que tuve la suerte de que decidieses compartir conmigo.

Me metí en esto a ciegas. Nos conocimos casi por casualidad, y ahora resulta que te has convertido en algo prácticamente identitario de mí.”

 

Escribí esto el 27 de noviembre de 2021, dos días después del fallecimiento de María Luisa. No me dijeron aquellos dos chicos tan amables que vinieron a hablar de Ultreia al instituto que la muerte existía. Porque supongo que nadie es realmente consciente de que la muerte existe hasta que sucede.

Cuando me apunté me prometí no coger cariño a nadie, solo ir a hacer la labor que se necesitaba: una conversación vacía, mero entretenimiento.

Y terminé hablando de metafísica con una mujer de 95 años. Jamás había visto a nadie tan vivo. María Luisa desprendía curiosidad y sabiduría por igual. Quería aprender; y fue lo mejor que pudo enseñarme, que las ganas de seguir conociendo no se deben perder nunca.

Un día tenía que hacer un trabajo para la universidad sobre la meta y el camino, y le pregunté tanto a ella como a su hija, María, que qué era más importante. Estuvimos tardes enteras hablando del mismo tema sin llegar a nada en concreto, pero disfrutando de la peripecia que supone pensar sin rumbo.

Vi cómo una persona, que algunos meses antes no quería pensar ni por lo más remoto del mundo, estaba totalmente entusiasmada por el hecho de tener una pregunta sin respuesta. Y ahí, en ese preciso momento, me di cuenta de que estaba, y sigo, haciendo lo correcto.

Porque todos dudamos de nosotros mismos, pero a veces ayudando a los demás también nos descubrimos. Ver cómo le ilusionaba lo mismo que a mí me conmocionó. Multiplicó mis ganas. Porque es cierto lo que ella misma me decía al principio: la Filosofía no sirve para nada; pero ese es precisamente el objetivo. No servir, porque lo valioso está en la propia incertidumbre. En la cantidad de horas que estuvimos divagando sobre la meta y el camino. Sobre la vida, la muerte, el existencialismo, las creencias. Sobre Platón, Machado o Heidegger. Si hubiésemos sabido que eso servía para algo no lo hubiésemos disfrutado. La Filosofía es el camino sin meta. Como supongo que lo es la vida también. Sigo sin saberlo.

María Luisa se apagó este 25 de noviembre. Nos dejó sin la respuesta, pero estoy convencida de que la encontró. De que, en el fondo, la tenía. De que siempre la tuvo.

De pronto me vi yendo a un tanatorio, pensando en por qué acabo siempre estableciendo vínculos con las personas que me encuentro en la vida. Llegué con una tristeza inmensa que era incapaz de mostrar, y me encontré con una sala llena de desconocidos; con una familia que no era la mía. Estuve con María, y ahí me di cuenta de que la quería. A ella y a su madre, y de que había perdido a una persona importante en mi vida. Es muy impactante sentir eso en un tanatorio. Experimenté el amor, la belleza y la pérdida al unísono. Y el miedo y la satisfacción.

Entraban y salían personas constantemente y, para mi sorpresa, casi todos me conocían. Me preguntaban que si era yo la de la Filosofía, la que le cuestionó la existencia de Dios, la que le habló del tiempo. La de la meta y el camino. Y me daban las gracias. A mí, que no hice más que aprender de María Luisa.

Y ocurrió un fenómeno que siempre pasa pero que no deja de fascinarme: todos tenían una opinión. Y nos pusimos a hablar, una vez más, y la última a su lado, de la meta y el camino.

Y, ¿ahora qué? Nos preguntábamos.

No lo sé.

Meses después María y yo seguimos hablando de la meta y el camino. Dichosa meta y dichoso camino. Maravillosa meta y maravilloso camino.

Sin duda, haber conocido a esa familia ha sido de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Porque así de caprichoso es el destino, que separa lo que sirve de lo que tiene valor. Ni la Filosofía ni el voluntariado son serviles, pero su valor es inconmensurable, aunque solo se desvela a quienes no lo van buscando. A quienes se lanzan a un camino sin meta.

He sido feliz durante los meses que he compartido con María Luisa, y espero seguir muchos más junto a su hija María y al resto de su familia.  Muchas veces somos los voluntarios los que recibimos en lugar de dar. Sin quererlo. Porque quien menos tiene y más necesita es a la vez de quien más se puede, y se debe, aprender.

 

Si conoces a alguna persona que requiera acompañamiento, no dudes en ponerte en contacto con Ultreia: 
Whatsapp: 681 33 72 23
email: ies.sanagustin.sanagustin@educa.madrid.org